lunes, 10 de noviembre de 2014

Angolazo, el recuerdo de un símbolo


Pasó sus mejores años en Wilstermann y fue parte de una generación que escribió verdaderos pasajes de leyenda en el fútbol nacional entre finales de la década de los 80 y mediados de los 90.

Además, se codeó con figuras de la talla de Erwin Chichi Romero, Juan José Urruti y Gastón Taborga, solo por citar algunos en Wilstermann; y Marco Etcheverry, Erwin Sánchez o Milton Melgar, recordando a figuras con las que compartió momentos en la Selección Nacional.

A muchos todavía se les pone la piel de gallina cuando reviven aquel momento histórico en el que un humilde coripateño, llamado Demetrio Angola, tuvo la valentía y destreza para convertir aquel recordado golazo ante Argentina, en la Copa América de Uruguay en 1995.

En ese minuto 76, cuando faltaban poco más de 15 para el final del encuentro con la Albiceleste, el Bombón decretó la paridad parcial (1-1) y desató el llanto, los abrazos y (lo que es más importante) sacudió a todo un país con su potente disparo al ángulo.

A pesar del 2-1 final en favor del conjunto argentino, ese gol se ha vuelto indeleble y permanece en la retina de los bolivianos como un símbolo de valentía y confianza.

Angola recuerda aquella época desde la lejanía que suponen los 49 años sobre sus piernas, pero con la nitidez suficiente como para contar la jugada con una precisión que revive aquella emocionante jornada.

“Estaba entre Sensini (Roberto) y Simeone (Diego). Me cansé de gritar hasta que al final me pasaron la pelota. Eliminé a Diego y me choqué con Sensini. Le metí el cuerpo en el borde del área y de ahí saqué el remate potente. No sabía si iba a ser gol”, detalla el popular Bombón, con una sonrisa tan amplia como la de entonces.

“Fue lo más lindo que me pasó. Es un paso gigantesco y el mayor orgullo de mi vida el haber sido parte de la Selección”, comparte.

En la década de los 90, cuando el vasco Xabier Azkargorta se hizo cargo de la Selección, los jugadores se animaron a creer en ellos mismos y escaparon al perfil bajo que parecía marcar a los nacionales.

Al menos, así lo recuerda Angola. “Teníamos partidos y roce internacional. Jugamos con Venezuela, Colombia, Ecuador y Estados Unidos. Don Xabier nos dio credibilidad”, manifiesta.

Este emblema viviente, que pasó por Bolívar, The Strongest y Wilstermann, entre otros clubes nacionales, creció en Coripata, pueblo al que se atreve a definir como el “semillero del fútbol”, tal vez por su amor hacia la tierra que lo vio nacer o por la confianza que tiene en los suyos.

Lo cierto es que de allí surgieron grandes figuras del balompié. Es el caso de Ramiro Castillo, Luis y Juan Iriondo, quienes a los 17 años fueron convocados a la selección de esa región, junto a Demetrio Angola.

Cuando el Bombón representaba a la selección coripateña en el campeonato interyungueño, en los años 80, experimentó una exposición y la posibilidad de ser fichado por clubes paceños. Así fue. Dirigentes de The Strongest vieron el potencial de Angolita, como suelen llamarle sus amigos, y no dudaron en hacer los trámites para incluirlo en su lista.

“Vivía en el campo y soñaba con defender los colores de mi club. No teníamos ni siquiera la idea de lo que era llegar a ser un futbolista profesional”, explica respecto a su adolescencia, distante de alimentar las ambiciones de este tiempo.

Una de las cualidades que lo diferenció del resto es que nunca se conformó. Angola no solo quería ser futbolista. Era consciente de que podía estudiar y jugar de forma paralela. Fue así como en 1985 cursó la carrera técnica para ser sargento y egresó en 1987.

Después de pasar por Bolívar, se sumó a Wilstermann y en aquel momento comenzó el romance con el Rojo. “Ha sido una de las instituciones más grandes de mi vida. Fui parte de un grupo lindo con el que estuve durante varios años”, recuerda.

Angola recuerda cómo tuvo que ser infiltrado en el gemelo izquierdo para poder jugar esa mítica final ante Independiente Petrolero en La Paz, que Wilstermann perdía por 0-3 hasta el minuto 75. “Me tocó entrar y anoté dos goles. Terminamos ganando por 5-3 y fuimos campeones”, recuerda.

A los 38 años, el coripateño dijo “no más, ya lo dí todo” y se despidió del fútbol para continuar con su carrera militar, hasta estos días.

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