miércoles, 12 de abril de 2017

El día en que Álvarez se volvió a ganar el cariño

Transcurrían los primeros minutos del segundo tiempo del partido, cuando el elenco de Wilstermann recibió el gol en contra. Anotación que silenció el Félix Capriles, más aún con el clima lluvioso que se presentó la noche de ayer.

Minutos después, el estratega Roberto Mosquera decidió hacer el primer cambio en su equipo, con el ingreso de Gilbert Álvarez en reemplazo de Jorge Ortiz.

Mucha gente criticó la entrada del delantero, con silbatinas y una serie de palabras fuertes hacia el técnico y al propio ariete, pero luego de cinco minutos de estar en la cancha respondió con el gol del empate, el cual fue decisivo para el resultado.

El futbolista se desató en emoción, ya que no tuvo regularidad en el equipo Rojo, y de no haber sido por las bajas de Gabriel Ríos y Franco Olego, por sanción, no hubiera aparecido.

El 1-1 fue el de la levantada que encaminó a la remontada al equipo aviador. Hizo resurgir el ánimo de toda una hinchada que no escapó de la intensa lluvia que se desató en la Llajta.

Los cánticos del público Rojo dieron mayor confianza a los jugadores, quienes empezaron a generar riesgo, y en eso apareció otro de los futbolistas que no brillaba mucho en el plantel cochabambino: el colombiano Luis Cabezas.

El atacante anotó el gol del triunfo y el tanto que hizo que las más de 10.000 almas wilstermanistas en el estadio volvieran a confiar y creer en el equipo.

Estos dos goles, que fueron anotados por medio de cabezazos, no solamente llenaron de felicidad al público que asistió, sino también al entrenador peruano, que dejó toda actitud reservada y se lanzó al festejo con su cuerpo técnico y jugadores.

Es así también que los protagonistas de este compromiso (Álvarez y Cabezas) se volvieron a ganar la confianza, que en algún momento perdieron, por parte de la hinchada cochabambina.

Esta victoria, además, pone a soñar a dirigentes, jugadores, cuerpo técnico y el público aviador con una posible clasificación a la siguiente instancia de la Copa Libertadores y cambiar el panorama que se tiene en la Liga nacional.

TERMINÓ LA SEQUÍA PARA EL DELANTERO CRUCEÑO

MOISÉS REVOLLO

Periodista deportivo

Los tucumanos debieron ver los partidos de Wilstermann, ante Peñarol y Palmeiras, para respetarlo como lo hicieron en el primer tiempo, donde podían explotar su falta de ideas y esquema defensivo.

Sin crédito suficiente en su cuenta, llegó al partido con los argentinos, un equipo aviador, diezmado por la ausencia de cinco de sus jugadores titulares, incluyendo Thomaz Santos, que fue tocado con la varita mágica, producto de su gran actuación en Brasil.

Tiempo lluvioso, menos público del esperado, una barra del equipo visitante, en el marco de este partido de Libertadores que felizmente acabó bien para Wilster.

Excepto Olivares, excesivamente nervioso, y Morales, lejos del nivel que lo trajo de retorno a Cochabamba, los jugadores pusieron todo el empeño en un partido que parecía complicarse, mucho más de lo esperado.

Machado fue el mejor de su equipo, clave en la contención, gravitante todo el partido, sin desmerecer a Cardozo que apareció como se esperaba.

Difícil explicar las dos caras del Rojo, una en Libertadores y otra en el torneo local, pero es parte del misterio insondable del fútbol nuestro de cada día, irregular como ninguno.

El estoicismo del público merecía el premio de una victoria, labrada desde la reaparición goleadora de Gilbert Álvarez, que anotó un gol que vale por todos los que no hizo antes, descargando la mufa que le provocó sinsabores.

Ni el árbitro chileno logró amargar la fiesta victoriosa y la gente le perdonó o pasó por alto que no cobró por lo menos un penal y que Cabezas no existía para él.

Remontar un resultado adverso no es fácil, y peor si no estaba jugando bien, y cambiar la fisonomía hasta alegrar a las tribunas que sintió calor pese a la lluvia persistente.

Aunque no se crea, la campaña de Wilster en el torneo nacional, antes de concluida la primera rueda, pero su participación en la antigua Copa es interesante y hasta podría dar el batacazo de pasar a siguiente fase.

El entrenador, que hasta ahora no identifica al o los discriminadores, tendrá que escoger mejor sus palabras o interpretar mejor que de la prensa jamás espere mala intención, sino solo la verdad, de lo que se ve en la cancha, como por miles de ojos de aficionados.

Ganó el Rojo con los dientes apretados, pero habrá que ganarle a Palmeiras, cuando llegue a la Llajta, para mantener la ilusión.

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